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miércoles, 3 de noviembre de 2010

No podemos seguir conviviendo con la corrupción

Nuevamente, estudios de entidades extranjeras y locales alertan sobre las gravísimas consecuencias de la corrupción en el aparato del Estado y para el futuro mismo del país, lo cual demanda una reacción de las autoridades y de quienes pretenden ser gobierno, los partidos y organizaciones políticas, para hacer de la lucha contra esta lacra una causa nacional permanente y dinámica.

Tras la publicación del Índice de Corrupción 2010 de Transparencia Internacional, en el que el Perú cayó del puesto 75 al 78, ahora el consultor internacional y catedrático de la Claremont Graduate University (EE.UU.) Robert Klitgaard afirma que el costo de la corrupción en la economía de los países latinoamericanos puede llegar a ser el 58% del PBI per cápita.

Esto es absolutamente escandaloso, pues grafica su directa incidencia en el empobrecimiento de la población, al afectar los sistemas de contrataciones, judicial o financiero, alejar las inversiones, crear un sistema económico paralelo y dilapidar los recursos públicos.

Lo cierto es que, si aplicásemos este cálculo, nuestro PBI per cápita pudiera ser de US$7.821, en lugar de los US$4.950 que estima el FMI para nuestro país el 2010. ¿Somos conscientes de esta perversa realidad que ahonda la desigualdad y perpetúa la pobreza?

Otro informe, denominado “Corrupción en el mundo: evidencia de un modelo estructural”, realizado por el experto Axel Dreher, prueba que la corrupción también incentiva a que las empresas operen en un mercado negro, para evitar así el ‘costo’ de ingresar a la economía formal, lo que a su vez deriva en menores ingresos para el Estado. De allí la urgencia de promover la formalización, así como normas, incentivos y sanciones, que deben alcanzar también a las mafias de evasores y de contrabandistas.

Eso no es todo. Hace dos meses, en una presentación ante el Congreso, el contralor general de la República, Fuad Khoury Zarzar, señaló que “seis mil millones de soles se van por el caño por culpa de la corrupción” y 1.306 funcionarios del Estado denunciados por inconducta siguen laborando en entidades públicas, situación que no se ha corregido con las consecuencias previsibles.

El contralor precisa que los primeros indicios del impacto de la corrupción apuntan un daño equivalente a entre 10% y 15% del presupuesto nacional destinado a compras e inversiones. Es decir, las pérdidas estarían entre los S/.6.000 y S/.9.000 millones, solo en los últimos 18 meses, lo que es igualmente devastador, no solo para la economía sino también para la salud moral de la nación.

La pregunta ahora es: ¿Qué se ha hecho para revertir esta situación? Los peruanos, que hemos sufrido históricamente los efectos de la corrupción, sobre todo en la década de los 90, no podemos resignarnos a continuar conviviendo con este pesadísimo lastre que infecta las relaciones humanas, pervierte la dinámica económica, convierte al Estado en un botín para los más inescrupulosos y retrasa nuestro desarrollo económico y social.

En esta delicada coyuntura, cuando desde muchos foros se reconocen los avances macroeconómicos del Perú, debemos pensar cuánto más habríamos crecido y reducido la brecha de pobreza, si hubiéramos desterrado en algo la corrupción.

En vísperas de un nuevo proceso electoral, los ciudadanos debemos exigir a los grupos políticos un deslinde claro y firme en este tema, lo que debe ser puesto en blanco y negro en los planes de gobierno, y ser asunto prioritario en los debates electorales.

Editorial - El COmercio

martes, 26 de octubre de 2010

Apuntan al mensajero: amenazan a la prensa con pretexto del ‘chuponeo’

A la Comisión de Justicia del Congreso ingresaron hace 12 días dos proyectos que buscan modificar el artículo 162 del Código Penal, referido a la interceptación telefónica. Lo preocupante es que, bajo el pretexto de endurecer las penas a los ‘chuponeadores’, esas propuestas intentan establecer sanciones y fuertes multas contra los medios que difundan informaciones obtenidas de manera ilegal, lo cual puede convertirse en amenazas contra la libertad de prensa, alertaron algunos congresistas y hombres de leyes.

En uno de los proyectos, presentado por Javier Bedoya de Vivanco, de Unidad Nacional, se incluye en la comisión del delito “a quien difunda una comunicación privada” y se señala que tendrá una pena de cárcel de hasta cuatro años.

En el otro, promovido por Walter Menchola, de Alianza Nacional, no se contemplan penas de cárcel para los que difundan la comunicación privada, pero sí multas entre 180 mil y 360 mil soles, y hasta decomisos de equipos y revocación temporal de la concesión y autorización de las señales de transmisión.

“ESTO ES INACEPTABLE”
“Esto es un inaceptable intento de mordaza contra la prensa. No se le puede prohibir a un medio que difunda un video o un audio que revela un delito o un acto de corrupción por más que haya sido obtenido ilícitamente”, indicó el legislador Daniel Abugattas tras señalar que los humalistas se iban a oponer a tales propuestas.

El parlamentario aprista José Vargas también se mostró contrario a poner penas privativas de la libertad y multas a quien difunda información de interés público que haya sido obtenida ilícitamente.

“El quid del asunto es establecer cuál es el criterio para determinar qué cosa es de interés público, eso es lo que se debe discutir”, manifestó Vargas.

“SE REQUIERE AUTOCONTROL”
El abogado Samuel Abad también mostró su preocupación de que se quiera establecer sanciones penales y administrativas cuando un periodista divulgue una información fruto del ‘chuponeo’. “En estos casos se requiere un autocontrol del medio de comunicación, pero tipificar como delito la difusión no es la mejor salida, es un riesgo contra la libertad de prensa”, expresó.

Para el abogado Jorge Avendaño, hay que endurecer las penas contra los ‘chuponeadores’ y también sancionar a los que difundan comunicaciones privadas, excepto cuando estas tienen como fin la defensa del bien común.

Sin embargo, la propuesta de Bedoya, que tiene el respaldo de congresistas de Acción Popular (Víctor Andrés García Belaunde) y del Apra (Mauricio Mulder), y la de Menchola, que solo tiene las firmas de AN, no tendrían mayor suerte en la Comisión de Justicia y podrían terminar archivándose, ya que anteriormente proyectos sobre el mismo tema ya fueron discutidos.

Rolando Sousa, presidente de la Comisión de Justicia, informó que los dos proyectos ya no serían analizados porque el tema de la penalización de la difusión de información interceptada ya fue rechazada y no vale la pena insistir con eso. [Editorial: Interceptaciones: ¿sancionar al mensajero?

DEL CONSULTOR
Lo público y lo privado
El problema con los audios o videos que se obtuvieron ilegalmente es que fueron un poco santificados porque fue gracias a ellos que se trajo abajo el régimen de Alberto Fujimori. Entonces sería complicado empezar a distinguir entre audios o videos propalables y no propalables.

Entiendo que en el Código Civil hay normas que protegen la privacidad de las personas salvo cuando se trata de personas públicas o que ejercen función pública, como ocurrió con el caso de los “petroaudios”.

No sé si se necesitan nuevas normas de protección a la privacidad porque las que hay no han funcionado por las razones históricas: a nadie se le ocurrió objetar la difusión de esos audios videos que tumbaron a Fujimori, pues el contenido de esos videos eran de interés nacional.

No estoy haciendo un juicio sino haciendo una explicación de por qué estamos donde estamos. Tratar de fijar una posición de tipo normativo, no positivo, implicaría un análisis más amplio.
JOSÉ LUIS SARDÓN. ABOGADO

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Fuente:

Conflictos sociales

 
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